viernes, 22 de noviembre de 2013

La Estación Espacial Internacional cumple quince años, con retraso, FELICIDADES a la EEI

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Primera configuración habitable de la EEI: de izquierda a derecha la Progress M1-3, Zvezda, Zarya y UnityNASA




Hoy (20.11.2013) se cumplen quince años del lanzamiento del Zaryá, el primer módulo de la Estación Espacial Internacional, mediante un cohete Protón desde el cosmódromo de Baikonur.

El transbordador espacial Endeavour se encargaría apenas dos semanas después de poner en órbita el módulo Unity, que el 6 de diciembre de 1998 quedaba unido permanentemente al Zaryá.

Pero no sería hasta el 26 de julio de 2000 cuando el módulo Zvezda se acoplara automáticamente al Zarya y la Estación se convirtiera en una nave espacial habitable, ya que el Zvezda contenía los primeros sistemas de soporte vital de la Estación así como camarotes para dos tripulantes.

Con estos tres módulos en órbita, fue el 2 de noviembre de 2000 cuando Bill Shepherd, Yuri Gidzenko y Sergei K. Krikalev se convirtieron en los primeros tripulantes de la Estación, que ha permanecido permanentemente tripulada desde entonces, con lo que quizás sería más correcto celebrar su cumpleaños en noviembre.

Los últimos en llegar a bordo han sido Mikhail Tyurin de Roscosmos, Richard Mastracchio de la NASA, y Koichi Wakata, de la Agencia Japonesa de Exploración Aeroespacial, acompañados de la antorcha de los Juegos de Invierno de Sochi 2014, el pasado 7 de noviembre.

La más grande

Con el tiempo, la Estación Espacial Internacional ha ido creciendo gracias a módulos lanzados en cohetes o transportados hasta allí por los transbordadores espaciales de la NASA y acoplados con el resto de la Estación durante los correspondientes paseos espaciales, aunque su construcción ha sufrido innumerables retrasos, ya que inicialmente se planeaba que terminara en 2003.

Aún así, se ha convertido en la nave más grande jamás construida, con unas medidas de 51×109 metros que incluyen quince módulos presurizados además de la estructura que soporta los paneles solares, radiadores y otros equipos externos como el espectrómetro magnético Alfa. También es la más cara, con un coste estimado de 100.000 millones de dólares.

Y eso que la Estación todavía no está terminada y faltan por lanzar, entre otros elementos, el laboratorio ruso Nauka, construido a partir del módulo de reserva del Zaryá, y el brazo robot de la Agencia Espacial Europea.

Eso sí, aunque es cierto que está en el espacio, ya que el límite de este está establecido por convención en la línea de Kármán a 100 kilómetros de altura, la Estación Espacial Internacional orbita la Tierra a unos 400 kilómetros de altura, lo que no es casi nada; la Luna, sin ir más lejos, está a unos 300.000 kilómetros de la Tierra.




 La EEI en su configuración actual. En primer plano hay un ATV de la Agencia Espacial Europea atracado en Zvezda, apenas visible con todo lo que ha crecido la EstaciónNASA


A simple vista

El hecho de que la Estación esté en una órbita tan baja y el gran tamaño de sus paneles solares hace que sea posible verla a simple vista, ya sea al amanecer o al atardecer cuando esta sale de la sombra de la Tierra y refleja el Sol.

De hecho, la Estación llega a ser el tercer objeto más brillante del cielo, detrás de la Luna y de los destellos de satélites Iridium, y si el avistamiento se produce en una noche sin Luna y sin destellos Iridium, es directamente el objeto más brillante del cielo en los momentos en el que el Sol incide sobre los paneles solares, que además gira continuamente para apuntar al Sol y aprovechar al máximo la energía de este.

Para saber a dónde hay que mirar, la NASA tiene un servicio conocido como Spot the Station al que basta con indicarle dónde vive uno para que le envíe por correo electrónico, o incluso por SMS si vives en los Estados Unidos, cuándo y por dónde se podrá ver la Estación, algo que ocurre varias veces al año desde casi cualquier punto de la Tierra.



 Los cuatro camarotes de HarmonyNASA


Ciencia a bordo

Aparte de haber servido como plataforma de aprendizaje de cara a construir y mantener en funcionamiento grandes estructuras en el espacio, lo que incluye mantenerla convenientemente pertrechada con vehículos de carga como los Progress rusos, los ATV europeos, los H-II japoneses, o las cápsula Dragon y Cygnus, la EEI pretende convertirse también en una plataforma de producción científica, por lo que sus tripulantes dedican buena parte de su tiempo a llevar a cabo experimentos diseñados por científicos de todos los países miembros del proyecto.


Robert L. Curbeam, Jr. de la NASA, a a izquierda, y Christer Fuglesang de la ESA durante uno de los paseos espaciales dedicados al ensamblado de la EEI
Robert L. Curbeam, Jr. de la NASA, a a izquierda, y Christer Fuglesang de la ESA durante uno de los paseos espaciales dedicados al ensamblado de la EEI. Foto: NASA

Las áreas de trabajo que cubren son biología y biotecnología, ciencias de la Tierra y del espacio, actividades educativas, investigaciones sobre el cuerpo humano, física, y tecnología, aprovechando el entorno de caída libre, aunque no de gravedad cero, de la Estación para hacer algunos experimentos que serían directamente imposibles o muy complicados de hacer en tierra.

En cualquier caso, los resultados científicos de la Estación son un punto candente de debate, ya que mucha gente cree que la inversión ha sido desmesurada frente al retorno obtenido; por eso los países miembros del proyecto, ahora que la Estación está casi terminada, buscan darle más tiempo a la ciencia a bordo de esta.

Pero el problema principal con el que se encuentran es que la Estación está diseñada con tecnologías que en algunos de sus módulos datan de los años 70 del siglo XX, por lo que buena parte del tiempo de los astronautas a bordo de esta está dedicado al mantenimiento de la propia Estación, aunque desde hace algún tiempo está a bordo Robonaut 2, un robot para estudiar si y como en el futuro muchas de estas tareas pueden ser llevadas a cabo por una máquina, aunque sea controlada remotamente desde tierra.

Fecha de caducidad

El espacio es un entorno muy duro para los materiales que componen la Estación y para los componentes electrónicos de sus sistemas de a bordo, incluidos sus ordenadores, por lo que en principio la Estación terminará su vida útil en 2020.

De todas formas, habido en cuenta el enorme esfuerzo realizado para montarla, los miembros del proyecto se están planteando prolongar su uso más allá de ese año. En cualquier caso, por ahora es nuestra única presencia permanente en el espacio.

 rtve.es







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